martes, 3 de abril de 2012

EL JARDÍN NAZARÍ DE VÉLEZ DE BENAUDALLA


Hoy, a las puertas de las vacaciones de Semana Santa (si no las estáis disfrutando ya) os proponemos la visita al espléndido Jardín Nazarí de Vélez de Benaudalla. Para los que quieran moverse en estos días por nuestra provincia, se trata de una interesante escapada para conocer nuestro maravilloso patrimonio, tantas veces ignorado. Y todo, gracias a nuestro excelente colaborador Francisco Javier Guillén Berrendero, historiador y paisajista.

Descripción del Jardín
Las palabras, aunque sean escritas van a ser el medio utilizado para hacer vivir al visitante la representación del Jardín Nazarí de Vélez de Benaudalla, aun cuando incorporen una “pequeña trampa”. Entrar en el Jardín Nazarí para empezar, equivale a tener una clara conciencia de que es muy difícil representarlo, narrarlo, filmarlo o fotografiarlo, dada la fuerza de su impacto, de su presencia. Esta sensación se debe a la sorpresa de encontrarse, como por milagro, aquí, en un jardín como éste. Esa sorpresa, es la consecuencia de este especial edén, de su carácter excepcional.

Sobre el Jardín Nazarí hay incluso demasiado que decir. ¿Por dónde empezar? ¿Hay que comenzar por la increíble presencia del agua, o la distinta e intensa gama de colores de la flora?
A eso me refería, a las trampas de las palabras, del lenguaje (escrito), aunque bien sabemos que no hay ningún enredo o trampa en el paraíso del Jardín Nazarí. En él, en el jardín nos encontramos ante esos cinco grandes beneficios para el cuerpo y el alma del viajero: el beneficio espiritual (la mística del jardín musulmán), el estético (el triunfo del Arte), el psicológico (la ensoñación, el descanso), el botánico (la
presencia de las Ciencias Naturales), y por último, el alimenticio (el alimento, regalo del jardín a los hombres y mujeres).

Lo que va a dar comienzo es muy real, aun cuando sea iniciatico, y tenga para determinados visitantes algo de místico. En primer lugar, reina un silencio en relación con el mundo del ruido, de la llamada sociedad del consumo, un silencio solamente interrumpido por el idioma de la naturaleza, fundamentalmente a través del agua, las aves y las plantas.

Entremos, pues, a nuestro maravillo Edén.

El Jardín Nazarí de Vélez de Benaudalla (llamado el Generalife Chico), excepcional ejemplo de jardín musulmán, es por ello uno de los escasos ejemplos conservados en la provincia de Granada, de ahí su destacado valor histórico. Para Francisco Prieto Moreno es “la expresión más destacada del jardín granadino”: la perdurabilidad de la primitiva esencia de huerto-jardín árabe (andalusí). Como consecuencia de su peculiar concepción espacial y temporal, el jardín nazarí es una fusión de arquitectura, vegetación y paisaje. Un auténtico homenaje a la jardinería hispanomusulmana.



Si observamos con detenimiento el plano publicado por Francisco Prieto Moreno, nos damos cuenta de que la organización espacial es la propia de una almunia, representándose a pequeña escala incluso la de una alquería: “Todo queda definido por la disposición de la vivienda, acequia y terrazas”, Antonio Malpica. Ayuda a esa permanencia en el tiempo una serie de factores naturales: la localización del jardín, y de la organización agraria en un lugar privilegiado: en el borde de la cornisa natural del pueblo, hacia el valle formado por el río Guadalfeo, llamado el Azud de Vélez; la bondad del clima, típicamente mediterráneo, que facilita la plantación, siembra de especies arbóreas, hortícolas y ornamentales.
La finca de recreo, también mantiene ese carácter de explotación agrícola intrínsecamente asociado a su tipología de almunia de herencia nazarí: utilitarismo y disfrute de los sentidos.

El ambiente del jardín está realizado a la medida del hombre y con los requerimientos imprescindibles para contener todo el ciclo de la vida, a través de la sinfonía cromática de las flores; el paisaje, en un dilatado fondo de lejanía; el cielo, para las claras noches estivales.

La vegetación, que representa el elemento fundamental del conjunto. Los diferentes volúmenes de las especies arbóreas, arbustivas, tapizantes, hortícolas, anuales se hace en función de ese desnivel del terreno, por medio de paratas, abancalamientos. Se refuerzan las líneas de conexión entre zonas gracias a paseos que terminan en glorietas, con su lógica fuente.

La huerta. Es un elemento completamente unido al espacio ajardinado, máxime cuando estamos hablando de una antigua almunia. Se mantiene por ello las tendencias de utilidad alimenticia del espacio. Los espacios hortícolas (hortofrutícolas) son dos: uno, donde el cultivo se hace en pequeñas paratas, a base de hortalizas: lechugas, habas, tomates...en lógicas y calculadas roturaciones anuales. Junto a estas especies hortícolas se distribuyen especies frutales típicas de la agricultura mediterránea: granados, naranjos, limoneros, membrilleros, higueras, etc. El segundo de los espacios, asociado más a otros puntos del jardín es el formado por la distribución aleatoria de árboles frutales.


Itinerario por el Jardín Nazarí de Vélez de Benaudalla
Los elementos fundamentales de esta finca son la casa (ubicada como cierre de la calle Blas Infante, no 3) el molino y el jardín (atravesado por la acequia).
Todo el este conjunto, de forma irregular queda delimitado por un muro perimetral de cerramiento, excluyéndose el lado O donde un impresionante desnivel representa su frontera natural, y que lleva directamente al tajo sobre el río Guadalfeo.


La arquitectura de la Casa-Jardín. La casa está constituida por dos cuerpos en forma de "L" con dos plantas de altura. La entrada nos enseña ya signos importantes, preparándonos para lo que estamos aguardando con impaciencia. Básicamente, es una arquitectura granadina moderna, con notable trazado, cuidado y una gracia peculiar. Tipología por lo tanto palaciega, que hunde sus raíces en la lejana Hispania romana.
Entre ambos cuerpos, un pequeño pero ameno patio, que se cierra mediante muro de cerca en los otros dos laterales. A este rincón, que conserva un pequeño surtidor de características moriscas, se abre la galería lateral de la casa, soportada en su parte central por una columna de mármol y un pie de madera con zapata. El patio rectangular está organizado con una clara intención funcional de distribución, como queda de manifiesto en la diferencia de empleo y carácter de sus cuatro frentes. Uno de ellos corresponde a la entrada; otro, al cenador, lugar intermedio de estancia entre vivienda y patio; otro abre paso al corral y al molino, mientras el último, erigido según el eje principal, da paso a un espacio ajardinado y cerrado desde donde se accede al jardín y al que tradicionalmente llaman "antejardín".


El Molino de “San José” y el agua, una parte esencial del viaje. Los creadores de este jardín fueron capaces de convertir un sistema técnico en una experiencia estética, donde el molino, la acequia, los canalillos, la cascada, las fuentes, artísticamente instalados en la finca, son un paraíso para los sentidos, un oasis para el recreo físico y un ambiente inigualable para la contemplación. La casa y la naturaleza, lo de dentro y lo de fuera, unidos por el medio indispensable para el hombre: el agua, fuente de vida.
El agua, centro conceptual y lo más noble del jardín adopta en este espacio tres estados naturales: el momento de surgir o manantial, el fluir y el de estancarse, y cada uno de ellos se resuelve en una forma geométrica: el manantial en superficies circulares y curvas; el movimiento es la recta; la quietud se expresa en la estabilidad formal del polígono. El agua es el eje del jardín, y vertebra el espacio ajardinado.

Dicho eje está constituido por una acequia que discurre sinuosamente de N a S, que se adapta al terreno, y de la que partirá, por diversos ramales y mediante ingeniosos artificios, todo el sistema de riego y de captación de agua para las fuentes, sin olvidar el antiguo abastecimiento para el consumo humano. En el recorrido de la acequia nos encontramos con el molino de “San José”, tipología arquitectónica que data de 1813. Se trata de una edificación sencilla de dos plantas de altura y cubierta a cuatro aguas. Se dispone sobre tres bóvedas en piedra, proyectadas para provocar con el salto del agua el movimiento de las ruedas de la instalación fabril.

El aprovechamiento del agua ha permitido el trabajo en el molino, pues en él se realizaba la transformación del cereal en harina, aumentando así las características agrícolas de la almunia, que representa un punto focal interesante en esa zona de la casa-jardín. Elemento base para el abastecimiento normal de una casa de cierta clase social elevada. Puede tener finalidad doméstica, sin destacar la posible explotación de servicios a los vecinos, por lo que el molino es una pieza de trabajo y medio de hacer patrimonio.

Ese interés por el agua, que desde que entramos en el jardín nos invade, tiene en la cascada otro hito a destacar, paleta de reflejos y sonidos. Pero ese lenguaje del agua no solamente está asociado a la acequia y la cascada, sino que también participan de él las fuentes y las grutas, donde, gota a gota, el líquido de la vida crea estalactitas y estalagmitas, constituyendo un motivo de gran espectacularidad y belleza turbadora por cuanto es la propia naturaleza la que crea ese mundo mágico de la gruta, de las formaciones geológicas subterráneas, y que tanta importancia ha tenido en la historia del arte del jardín. Es decir, que previa a la ocupación humana de este edén granadino, se han ido produciendo unos procesos geológicos se sedimentación de residuos de carbonato cálcico que, poco a poco, han ido aportando volumen y sugerentes formas al tajo propio del cauce del río.
Para llegar a esa zona de grutas, tenemos que continuar por un espacio de gran belleza, que no es otro que el camino de bajada al río. Esta vía conduce a una terraza mirador que nuevamente ofrece vistas de gran belleza al valle del Guadalfeo.
Descrito anteriormente.



Jardín y huertas: Ante-jardín. Situado a continuación del patio, se emplaza en uno de los ejes básicos sirviendo de unión entre el formalismo arquitectónico de la casa y la naturaleza recreada e idealizada del jardín. Este entorno jardinero es parcialmente cerrado, y se abre hacia el paisaje inmediato. Diálogo permanente entre la intimidad de lo cerrado y el disfrute de unas vistas ejemplares que van a ir ocurriendo a partir de él y por todo el jardín-huerto. Esta parte irregular está tutelada en su centro por una majestuosa y sin igual Nerium oleander (adelfa), complemento de volumen y color a la arquitectura.

Antes de llegar en nuestro itinerario a las escaleras de entrada al jardín, aparece un pequeño pilar que se nutre del agua de la acequia.

Eje transversal. Del estudio del lugar podemos observar que existe una clara unión de todas las partes. La entrada de la Casa-Jardín queda enlazada con el patio, que a su vez se fusiona con el ante-jardín y éste, con el jardín-huerto a través de una escalera que cruza la acequia y acaba en un paseo que atraviesa el jardín longitudinalmente. La mencionada escalera presenta varios peldaños de ladrillo cocido, puestos a sardinel por su soga, que llevan hasta un pequeño rellano que, a modo de puente sobre la acequia, conduce a uno de los puntos más altos de toda la finca. Posición particular, permite al visitante descubrir amplias vistas; hacia un lado las tranquilas aguas de la acequia, la pérgola del paseo, los bancales o paratas, que preparan el terreno, y la alberca; hacia el otro lado, el molino, con su partidor de aguas, los decantadores de las fuentes, la cascada y una vegetación donde podemos contemplar vinca, hiedra, azucena, y numerosas aromáticas. Bajando por el descansillo se llega a través de una escalera de sillares de piedra, hasta un cerramiento de Cupresus sempervirens (ciprés) que dirige al “viajero del jardín” al paseo.

Acequia. Como en todo jardín o huerta, la acequia es el principal sistema de conducción y distribución del agua para el riego, por el medio de partidores, es decir, aperturas practicadas a lo largo del recorrido de la acequia que permiten en paso del agua desde la acequia a los bancales a regar. Con todo lo dicho, nos encontramos ante el eje esencial del jardín, la auténtica columna vertebral del mismo. Muestra una distribución calculada y meditada, con divisiones que permiten la venida del agua a todos los parajes de este espléndido oasis. Labrada en la piedra original, no presentando una sección regular, está dispuesta en dos tramos a diferente cota, uno delantero y otro posterior al molino. En el primero se observan dos puntos de salida del agua para el riego; uno, a la entrada de la acequia de la finca, se utiliza para riego del bancal noreste y alimentar a la alberca; y otro, localizado en el último tercio del bancal noreste y dotado de arqueta, riega esta parte del propio bancal a la vez que conduce el agua a los niveles inferiores a través de un sencillo sistema de canalillos que los bordean lateralmente. En el tramo posterior al molino y tras un pequeño estanque, se halla otra salida de agua que riega todo el sector sureste por gravedad. Finalmente, el agua no aprovechada se pierde al final del recorrido de la acequia, cayendo por el tajo y que conduce al río Guadalfeo.

Pérgola. Destacado elemento, pues no solo acompaña a la acequia, sino que por fortuna del diseño la refuerza otorgándola ese carácter tridimensional. Pasa de simple pérgola en su lado N a dividirse en dos, en su orientación S, guardando con más lujo jardinero el agua que discurre por al acequia. Creada con pilares de ladrillo cocido y revestida con mortero de cal, se disponen estos pilares al tresbolillo a ambos lados del paseo, sirviendo de sostén a plantas trepadoras de uso marcadamente doméstico, como la Vitis vinifera (parra).

Cascada. Situada al final del primer trayecto de la acequia y antes del distribuidor del molino, se nos presente hoy día como un complemento más de esa finalidad ornamental del agua en este jardín. Excavada en la roca caliza a modo de escalones, al igual que la acequia, tiene varios circuitos de agua que sorprenden por su sencillez. El agua al dejar atrás el molino, se derrama a otra acequia ciega en su extremo que hace que, una vez alcanzado su nivel máximo en su extremo, se desborde una lámina de agua a modo de espejo. Paralelamente a esto y por medio de unos conductos dispuestos en un lateral de esta acequia paralela, se colman unos pocitos vidriados, emplazados en el punto más alto de la cascada, con sus respectivas rejillas de salida, que mandan el agua a los diferentes surtidores y fuentes instalados en el jardín. El adorno vegetal este espacio se conforma con una serie de pequeñas paratillas ajardinadas con diferentes plantas de flor.

Bancales del lado Noroeste. Tres bancales de distinto tamaño se adaptan perfectamente en este lado del jardín nazarí. El primero de ellos, de planta irregular y geometría marcadamente horizontal, se dispone en el punto más alto. Su lado N cierra la finca por medio de un muro de tapial apoyado en tres contrafuertes por cuya base fluye un canal de riego y abastecimiento de la alberca. Usualmente utilizado como huerta, gracias a profundidad y fertilidad del suelo, contiene restos de frutales: mandarino, limonero, naranjo, chirimoyo, higuera, peral, melocotonero. El segundo está limitado por la alberca y la escalera de acceso al jardín. Es de planta regular y simétrica. En uno de sus lados hay un canal de riego con suministro mediante un sistema de atarjea. El último de ellos, y más pequeño, se halla cerrado en sus lados N y S por sendas filas de cipreses. También está dotado de riego mediante atarjea.

Alberca. Situada en el lado NE del jardín, se proyecto como elemento de recogida de agua para los meses estivales. Su planta es ligeramente rectangular. Posee dos escaleras que la comunican al paseo. Una particularidad es la entrada de agua a través de un pequeño canal que desemboca en una cascada escalonada junto a una jardinera elevada que termina en un banco de piedra.

Paseo. El paseo inferior discurre desde la Glorieta de los Laureles, situada en su lado N hacia su lado S. Atraviesa los bancales NE, cruzando el eje de acceso al jardín, cruzando la cascada y rompiéndose a la altura del molino para introducirse en el interior del doble paseo apergolado. Cabe destacar el tratamiento con piedras de molino que se hace a la acequia de recogida de aguas de la cascada, dando mayor rusticidad al ambiente. Un largo banco de piedra junto al pequeño estanque del molino es otro de los elementos significativos del itinerario en esta zona. Este paseo sirve de acceso por medio de pequeñas escalinatas a las diferentes fuentes y surtidores localizados en el bancal inferior. En el lado S, o lado terminal del camino, se encuentran unas escalinatas de ladrillo cocido y de mayores dimensiones que las anteriores que dan acceso a una glorieta que a su vez comunica con el camino de bajada al río Guadalfeo.

Glorieta de los Laureles. Llamada así por unos laureles que la rodeaban, se sitúa en el extremo NE del jardín. Se trata de un espacio amplio, abierto al valle del Guadalfeo, desde donde se puede contemplar vistas, del paisaje circundante y del propio jardín. Acentúa la glorieta una fuente lobulada situada en el centro y una escalera de ladrillo cocido que da acceso al bancal más bajo. La colocación de una estructura metálica, a modo de media cúpula, y de diseño contemporáneo crea un sorprendente efecto, pues fusiona perfectamente lo “clásico” del jardín, con los nuevos lenguajes de la jardinería actual.

Bancal Bajo. Situado en la parte más baja de la finca, está delimitado en su lado O por un sorprendente tajo hacia el río Guadalfeo. De planta irregular y asimétrica. De gran importancia, dada su extensión, ha sido utilizada tradicionalmente como zona de cultivo agrícola, pero también llama la atención la mezcla ornamental de algunos elementos tanto vegetales como arquitectónicos. Sin duda los tres ejemplares magníficos de cipreses (Cupresus sempervirens) que presiden el bancal, constituyen el elemento vertical por excelencia de este jardín, destacando como un elemento centralizador, un punto focal de referencia del jardín.


El conjunto se ve acompañado por una fuente elevada de planta cuadrada muy diferente a los otros dos surtidores bajos existentes en el mismo bancal. A todos estos espacios íntimos se llega desde el paseo superior gracias a pequeñas escaleras de piedra caliza. En el extremo S, y a un nivel señaladamente inferior, aparece un espacio que a modo de glorieta es presidido por un elemento decorativo semejante a un templete, que mezcla elementos tan dispares como roca de travertino, azulejos y ladrillo. Rodeando dicho templete hay unos bancos de piedra. El conjunto se cierra en su parte trasera por el muro de cerramiento de la finca colonizado por hiedra, esparraguera, y en su base por vinca y acanto, completando el conjunto un ciprés completamente abrigado de hiedra.
El contorno que linda con el muro del paseo está salpicado de pilares de la pérgola. Curiosamente en uno de ellos aparece un considerable tocón de arrayán. El otro lado, el que linda al tajo, protege su borde, a duras penas, con una hilera de melia y almez. Este bancal se comunica con el río Guadalfeo mediante una estrecha senda escalonada y excavada en la piedra. El recorrido se acompaña de una topografía marcada por la presencia de las grutas.


Bancales Sureste. Representa a una amplia zona de terreno que va desde el estanque del molino hasta el límite S de la finca. En ella tenemos bancales, que en sentido descendente, próximo al molino, llegan hasta el punto más bajo de la finca, situado próximo a la esquina SO. Sus zonas de cultivo están delimitadas por muretes de mampostería.



* Nota. Este apartado no hubiera sido posible sin la desinteresada ayuda de Tomás de la Torre Santana, ingeniero agrícola, y gran conocedor del Jardín Nazarí.

Texto: Francisco Javier Guillén Berrendero. Historiador y paisajista. 
Fotos: Excelentísimo Ayuntamiento de Vélez de Benaudalla, Tomás de la Torre
Planos y dibujos: Francisco Prieto Moreno (los Jardines de Granada), y Tomás de la Torre.


1 comentarios:

Magnifico artículo. Muy completo

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