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lunes, 16 de julio de 2012

EL JARDÍN, MÁXIMA EXPRESIÓN DE LOS SENTIDOS


“El arte de los jardines es la forma más sofisticada del arte del paisaje”
John Dixon Hunt 

“Todas las melancolías tienen esencia de jardín”
Federico García Lorca

El jardín, arte de los cinco sentidos, lugar modificado por la intervención humana con finalidad estética, religiosa, política, cultural, productiva. Un arte que se diferencia de las otras porque en el jardín la belleza no sólo se contempla sino que se vive. Porque en el jardín realmente se vive el arte, en cuanto el acto humano de contemplar y vivir. Representa un genuino espacio donde se pueden describir acciones y construir escenas. Un vínculo que el hombre establece para conciliarse con el mundo exterior. Expresión máxima del ideal ecológico que es el abrazo entre cultura y naturaleza 

En cuanto obra de arte, el jardín, al igual que la pintura, representa un lugar y, como la literatura, narra historias y describe escenas. Por todo eso cada cultura ha desarrollado un tipo de jardín que corresponde a su particular visión del mundo. 

El pensador italiano y conocido estudioso del jardín Rosario Assunto, a lo largo de tres libros fundamentales para la reflexión sobre los problemas de la jardinería y de la historia de los jardines caracteriza el jardín como “identidad de arte y de naturaleza. Arte como naturaleza y naturaleza como arte”. De aquí la importancia que tiene el arte de los jardines, al transformar en final la causa eficaz de la naturaleza: “(…) la naturaleza se vuelve, en el jardín, naturaleza que el hombre ha hecho libre, y en cuanto nosotros disfrutamos en el jardín de la naturaleza como obra de arte, objeto de una contemplación en sí misma fundada que tiene en sí misma su propio fin”. 

Dice el historiador del arte del jardín John Dixon Hunt, en su obra L´art du jardin et son histoire: “El arte de los jardines es para el hombre un modo fundamental de expresión y sentimiento”

El jardín constituye un documento único, limitado, perecedero, irrepetible, con un proceso propio de desarrollo, una historia particular en el espacio-tiempo. En palabras del paisajista catalán Nicolás Mª Rubió y Tudurí: “Jardín es obra corpórea, no viento articulado en palabras (…) Va a tratarse de un gran arte”

En el sentido místico, el jardín puede tener varios grados de disfrute sensorial e incluso sentimental, disponiendo para ello únicamente por parte del observador una sensibilidad elemental para la valoración de las formas, los colores y los elementos naturales. Para alcanzar, en cambio, un placer intelectual y estético resulta necesaria una concepción de la idea de jardín que haga de él un mundo para ser contemplado; y esto implica u proceso creativo similar al de cualquier obra de arte. 

Así, los elementos que configuran el diseño de un jardín se extraen, en todo o en parte, del mundo biológico e inanimado, y se adoptan como medios de expresión en el ámbito de una creación humana, plenamente libre y consciente. 



Además de los elementos naturales –como masas arbóreas, las diferentes plantaciones, las rocas y el agua, que pueden aparecer también en formas artificialmente manipuladas-, el jardín utiliza elementos arquitectónicos, plásticos y decorativos; las preferencias por algunos de ellos y las modalidades de su empleo revelan el talante y el espíritu de una época o de una civilización. 

Las palabras del profesor Francesco Fariello son tremendamente elocuentes: “Los jardines expresan una forma artística accesible a todos y de una comprensión prácticamente inmediata”

Y es precisamente el poema bíblico del Cantar de los Cantares quien mejor nos alecciona en todos estos aspectos místicos, sensoriales, botánicos… 
“…Eres huerto cerrado, hermana y novia mía; huerto cerrado, fuente sellada. Tus brotes parecen paraíso de granados, con frutos exquisitos…” 

Esa carga simbólica está presente en todo jardín, y se traduce en aspectos aprovechados, que para los hombres y mujeres de hoy nos tienen que llevar a reflexionar sobre el respeto a la naturaleza, sobre la correcta utilización de especies vegetales adaptadas al medio ambiente de la zona (en nuestras latitudes, por ejemplo, emplear plantas de marcado carácter mediterráneo como el mirto, la adelfa, el olivo, el granado, la vid, los cítricos, el tomillo, la lavanda…), sobre el bien escaso que es el agua y de su correcta utilización mediante los más modernos sistemas de riego: riego por goteo, microaspersión. 

Ser dueños de un jardín nos tiene que hermanar para siempre con la naturaleza, pues ese pequeño o gran paraíso proviene de ella, y a ella se encamina anualmente en todos los ciclos naturales de floración, crecimiento, fructificación, etc. 

Por ello, cuando quiera diseñar, proyectar y por fin plantar un jardín: 
- Documéntese lo suficiente en materia de botánica ornamental, estilos de jardinería más adecuados a su zona geográfica. Adéntrese en los jardines, los de dos dimensiones que nos proporcionan los libros. 

- Visite y déjese asesorar por jardineros, viveristas, paisajistas e ingenieros, en definitiva, por los profesionales del jardín. 

- Rastree por Internet la amplia colección de páginas sobre jardines históricos y botánicos; viveros y empresas de riego, fertilizantes, semillas y plantas. 

- Pasee por muchos jardines públicos y privados, empapándose en cada rincón de detalles artísticos, poéticos y medioambientales que serán muy útiles en su futuro jardín. Lleve siempre, como el poeta y pintor un “cuaderno de campo”, no le defraudara. 

- Por último, de toda la experiencia acumulada por los jardineros a lo largo de los años, nos quedamos con las siguientes sugerencias, que harán de todo jardín “un paraíso en total armonía con la naturaleza”

  1. Combinar las plantas en posiciones concretas, teniendo en consideración las necesidades de las mismas tanto como nuestros propios deseos. No tiene sentido estar decidido a tener una planta a menos que se le pueda dar el tipo de condiciones que ella misma elegiría, si pudiera permitirse este capricho. 
  2.  Las plantas ofrecen la posibilidad de tener un jardín interesante, y si aplicamos determinados estilos de plantación crearemos un jardín con rasgos distintivos. Con la ayuda de un buen diseño, los elementos encajarán perfectamente y podrán embellecer el jardín. 
  3. Conocer los principios básicos de plantación. Un diseño de plantación tiene que funcionar a distintos niveles. En primer lugar, las plantas tienen que encontrarse a gusto en su entorno, pero también debe tener en cuenta otros factores. Tiene que tratarse de una composición verdaderamente tridimensional, actuando desde el nivel superior a través de cada capa hasta llegar a la superficie del suelo. Los principios de cultivo se basan en una combinación de conocimientos prácticos y de los valores estéticos de color, la forma y la textura. 


La plantación como una forma de arte combina elementos de la pintura y la escultura, ya que para conseguir los efectos deseados se basa en la creación de armonías y contrastes de color, forma y textura así como en la creación de modelos y ritmos dentro de una composición. 

Hagamos nuestras las emotivas palabras del profesor Michel Baridon, quién en su deliciosa obra Los Jardines. Paisajistas, jardineros, poetas nos dice: “Es la hora de los jardines. En los escaparates de las librerías se amontonan los libros y revistas que hablan de ellos, unos con lirismo, otros con rigor técnico y otros, en fin, adoptando el tono de la sabiduría rústica”. 

Las funciones de un jardín 
“Dios Todopoderoso plantó primero un jardín. Y de verdad, éste es el más puro de todos los placeres del hombre” 
Francis Bacon, 1625 

Los jardines brindan un entorno para la combinación de las diferentes disciplinas, y el arte de la jardinería es una mezcla única de diseño y prácticas artísticas, de ciencia y naturaleza. Cuando diseñamos un espacio exterior, buscamos integrar los elementos naturales como la tierra, las rocas, el agua y las plantas, con materiales de construcción como la piedra, los ladrillos, el cemento, el metal y el vidrio, tratando de lograr un delicado equilibrio entre escala y proporción, acentos y contrastes, ritmos y movimientos. Al realizarlo así, el jardín se convierte en el centro de sueños y también de angustias, y simboliza la expresión única de nuestra relación con el mundo natural. 

Los jardines son dinámicos, espacios tridimensionales donde forcejamos por encontrar el equilibrio entre la mano creadora del jardinero y los instintos contrarios de la naturaleza, que con frecuencia se aúnan en armonía. 

Para el hombre aficionado al cultivo de plantas, la jardinería es una pasión a la que dedica incontables horas de atención y cuidado para distraerse y olvidar sus problemas cotidianos; para otros, la jardinería no es más que el equivalente de un trabajo de casa en el exterior, una tarea que se debe realizar a toda costa para evitar el caos absoluto. La gran mayoría se encuentra entre ambos extremos, ajustando cualquier aspiración de jardinería con las limitaciones prácticas del espacio, del tiempo y del dinero disponible. Sólo muy pocas personas son incapaces de encontrar de alguna forma belleza y placer en el jardín, y el espacio exterior nos ofrece a la mayoría de nosotros un agradable retiro de la agitada vida diaria. 

Un jardín puede ser más o menos lo que usted quiere que sea. Tal vez prefiera las líneas nítidas y el actual minimalismo de un patio pavimentado con sólo una mata de bambú, o se siente atraído por el encantador desorden de una mezcla de flores entre caminos curvos y serpenteantes. Y tanto si está considerando el balcón de su apartamento como un espacio para practicar la jardinería como si cuenta con todo un extenso terreno de una casa solitaria en las afueras, cerca de la costa, el jardín siempre le permite expresar sus gustos y su personalidad, al igual que, con toda seguridad, lo expresa su casa o su apartamento. Si su hogar está inmaculadamente limpio, por ejemplo, no es muy probable que quiera tener un jardín desordenado, con plantas que se autofecunden, trepadoras que cubran todas las superficies y un sendero guarnecido con hierbas colgantes. 

Hay algo tentadoramente relajante en “retirarse” al jardín. Hasta en el patio más pequeño hay lugar para un par de sillas plegables donde sentarse. Probablemente disfrute de estar en el jardín en los días cálidos y soleados cuando el aire es denso y pesado con el aroma familiar del verano, o reunirse con sus familiares y amigos para una cena informal al aire libre, cuando anochece y el ambiente empieza a refrescar.



Vistas, aromas y sonidos impregnan un jardín. La fuente de agua más insignificante puede ser su punto focal o un fondo acústico relajante. Un estanque, por ejemplo, también puede fomentar el desarrollo de la vida silvestre, aunque Francis Bacon en uno de sus tratados sobre jardines (Of Gardens, 1625) advierte que: “Los estanques lo echan a perder todo y estropean el jardín, llenándolo de moscas y ranas”. Naturalmente, los tiempos cambian y gracias a las bombas eléctricas y a las instalaciones de filtros modernos, el estanque de agua estancada ya es cosa del pasado. Sin embargo, el mantenimiento sigue siendo importante: modelar su oasis particular alrededor de un estanque significa que debe retirar las hojas caídas del árbol con regularidad. La apariencia “natural” no es una solución para buscar un jardín que exija poco mantenimiento ni una excusa para abandonarlo. 

Para los niños, y también para muchos adultos, el jardín es un espacio natural para el juego. Puede ofrecer la oportunidad de observar a los pájaros, cazar mariposas, jugar a la pelota o divertirse con la mascota familiar. Hay mucha gente convencida de que los días eran más largos, los veranos más soleados, el césped más inmaculado y las flores más dulcemente perfumadas durante su infancia, y si éste es también su caso, ¿por qué no convertir su jardín en una expresión emocional de tales recuerdos, tal vez con alguna casa en los árboles o un escondite en un rincón alejado? La mayoría de nosotros responderá con entusiasmo a la sugerencia de un sendero serpenteante, de un portón en el muro del jardín, de un elemento semioculto más allá. Tales “estancias” exteriores ilustran una de las doctrinas sobre arquitectura de Sir John Soane, la importancia de lo casual y de la sorpresa, para su aplicación tanto en interiores como en el jardín: cualquier jardín que muestra todo a primera vista carece de la magia que le invite a explorarlo más. 

Los jardines son más generosos con nuestros ensayos y errores que nuestros hogares. Por cada desengaño obtenemos alguna compensación en forma de una sorpresa inesperada. Con su gran tapicería de color y textura, su luz y su sombra y sus alteraciones con el tiempo, las estaciones y el clima, los jardines estimulan los sentidos y reaniman nuestra mente y nuestro cuerpo. Sus recompensas son amplias y variadas, y no siempre predecibles. En los mejores jardines, el hombre trabaja junto con la naturaleza para lograr un efecto óptimo y espléndido. En los tiempos tan difíciles que vivimos en muchos aspectos, los jardines nos recuerdan una faceta distinta de la vida: tal como escribió Beverley Nichols: “El tiempo únicamente es amigo del jardinero: le da cada año más de lo que le roba”

Francisco Javier Guillén Berrendero. Historiador y paisajista.
Fotografías Aníbal Rodríguez Gutiérrez

martes, 3 de abril de 2012

EL JARDÍN NAZARÍ DE VÉLEZ DE BENAUDALLA


Hoy, a las puertas de las vacaciones de Semana Santa (si no las estáis disfrutando ya) os proponemos la visita al espléndido Jardín Nazarí de Vélez de Benaudalla. Para los que quieran moverse en estos días por nuestra provincia, se trata de una interesante escapada para conocer nuestro maravilloso patrimonio, tantas veces ignorado. Y todo, gracias a nuestro excelente colaborador Francisco Javier Guillén Berrendero, historiador y paisajista.

Descripción del Jardín
Las palabras, aunque sean escritas van a ser el medio utilizado para hacer vivir al visitante la representación del Jardín Nazarí de Vélez de Benaudalla, aun cuando incorporen una “pequeña trampa”. Entrar en el Jardín Nazarí para empezar, equivale a tener una clara conciencia de que es muy difícil representarlo, narrarlo, filmarlo o fotografiarlo, dada la fuerza de su impacto, de su presencia. Esta sensación se debe a la sorpresa de encontrarse, como por milagro, aquí, en un jardín como éste. Esa sorpresa, es la consecuencia de este especial edén, de su carácter excepcional.

Sobre el Jardín Nazarí hay incluso demasiado que decir. ¿Por dónde empezar? ¿Hay que comenzar por la increíble presencia del agua, o la distinta e intensa gama de colores de la flora?
A eso me refería, a las trampas de las palabras, del lenguaje (escrito), aunque bien sabemos que no hay ningún enredo o trampa en el paraíso del Jardín Nazarí. En él, en el jardín nos encontramos ante esos cinco grandes beneficios para el cuerpo y el alma del viajero: el beneficio espiritual (la mística del jardín musulmán), el estético (el triunfo del Arte), el psicológico (la ensoñación, el descanso), el botánico (la
presencia de las Ciencias Naturales), y por último, el alimenticio (el alimento, regalo del jardín a los hombres y mujeres).

Lo que va a dar comienzo es muy real, aun cuando sea iniciatico, y tenga para determinados visitantes algo de místico. En primer lugar, reina un silencio en relación con el mundo del ruido, de la llamada sociedad del consumo, un silencio solamente interrumpido por el idioma de la naturaleza, fundamentalmente a través del agua, las aves y las plantas.

Entremos, pues, a nuestro maravillo Edén.

El Jardín Nazarí de Vélez de Benaudalla (llamado el Generalife Chico), excepcional ejemplo de jardín musulmán, es por ello uno de los escasos ejemplos conservados en la provincia de Granada, de ahí su destacado valor histórico. Para Francisco Prieto Moreno es “la expresión más destacada del jardín granadino”: la perdurabilidad de la primitiva esencia de huerto-jardín árabe (andalusí). Como consecuencia de su peculiar concepción espacial y temporal, el jardín nazarí es una fusión de arquitectura, vegetación y paisaje. Un auténtico homenaje a la jardinería hispanomusulmana.



Si observamos con detenimiento el plano publicado por Francisco Prieto Moreno, nos damos cuenta de que la organización espacial es la propia de una almunia, representándose a pequeña escala incluso la de una alquería: “Todo queda definido por la disposición de la vivienda, acequia y terrazas”, Antonio Malpica. Ayuda a esa permanencia en el tiempo una serie de factores naturales: la localización del jardín, y de la organización agraria en un lugar privilegiado: en el borde de la cornisa natural del pueblo, hacia el valle formado por el río Guadalfeo, llamado el Azud de Vélez; la bondad del clima, típicamente mediterráneo, que facilita la plantación, siembra de especies arbóreas, hortícolas y ornamentales.
La finca de recreo, también mantiene ese carácter de explotación agrícola intrínsecamente asociado a su tipología de almunia de herencia nazarí: utilitarismo y disfrute de los sentidos.

El ambiente del jardín está realizado a la medida del hombre y con los requerimientos imprescindibles para contener todo el ciclo de la vida, a través de la sinfonía cromática de las flores; el paisaje, en un dilatado fondo de lejanía; el cielo, para las claras noches estivales.

La vegetación, que representa el elemento fundamental del conjunto. Los diferentes volúmenes de las especies arbóreas, arbustivas, tapizantes, hortícolas, anuales se hace en función de ese desnivel del terreno, por medio de paratas, abancalamientos. Se refuerzan las líneas de conexión entre zonas gracias a paseos que terminan en glorietas, con su lógica fuente.

La huerta. Es un elemento completamente unido al espacio ajardinado, máxime cuando estamos hablando de una antigua almunia. Se mantiene por ello las tendencias de utilidad alimenticia del espacio. Los espacios hortícolas (hortofrutícolas) son dos: uno, donde el cultivo se hace en pequeñas paratas, a base de hortalizas: lechugas, habas, tomates...en lógicas y calculadas roturaciones anuales. Junto a estas especies hortícolas se distribuyen especies frutales típicas de la agricultura mediterránea: granados, naranjos, limoneros, membrilleros, higueras, etc. El segundo de los espacios, asociado más a otros puntos del jardín es el formado por la distribución aleatoria de árboles frutales.


Itinerario por el Jardín Nazarí de Vélez de Benaudalla
Los elementos fundamentales de esta finca son la casa (ubicada como cierre de la calle Blas Infante, no 3) el molino y el jardín (atravesado por la acequia).
Todo el este conjunto, de forma irregular queda delimitado por un muro perimetral de cerramiento, excluyéndose el lado O donde un impresionante desnivel representa su frontera natural, y que lleva directamente al tajo sobre el río Guadalfeo.


La arquitectura de la Casa-Jardín. La casa está constituida por dos cuerpos en forma de "L" con dos plantas de altura. La entrada nos enseña ya signos importantes, preparándonos para lo que estamos aguardando con impaciencia. Básicamente, es una arquitectura granadina moderna, con notable trazado, cuidado y una gracia peculiar. Tipología por lo tanto palaciega, que hunde sus raíces en la lejana Hispania romana.
Entre ambos cuerpos, un pequeño pero ameno patio, que se cierra mediante muro de cerca en los otros dos laterales. A este rincón, que conserva un pequeño surtidor de características moriscas, se abre la galería lateral de la casa, soportada en su parte central por una columna de mármol y un pie de madera con zapata. El patio rectangular está organizado con una clara intención funcional de distribución, como queda de manifiesto en la diferencia de empleo y carácter de sus cuatro frentes. Uno de ellos corresponde a la entrada; otro, al cenador, lugar intermedio de estancia entre vivienda y patio; otro abre paso al corral y al molino, mientras el último, erigido según el eje principal, da paso a un espacio ajardinado y cerrado desde donde se accede al jardín y al que tradicionalmente llaman "antejardín".


El Molino de “San José” y el agua, una parte esencial del viaje. Los creadores de este jardín fueron capaces de convertir un sistema técnico en una experiencia estética, donde el molino, la acequia, los canalillos, la cascada, las fuentes, artísticamente instalados en la finca, son un paraíso para los sentidos, un oasis para el recreo físico y un ambiente inigualable para la contemplación. La casa y la naturaleza, lo de dentro y lo de fuera, unidos por el medio indispensable para el hombre: el agua, fuente de vida.
El agua, centro conceptual y lo más noble del jardín adopta en este espacio tres estados naturales: el momento de surgir o manantial, el fluir y el de estancarse, y cada uno de ellos se resuelve en una forma geométrica: el manantial en superficies circulares y curvas; el movimiento es la recta; la quietud se expresa en la estabilidad formal del polígono. El agua es el eje del jardín, y vertebra el espacio ajardinado.

Dicho eje está constituido por una acequia que discurre sinuosamente de N a S, que se adapta al terreno, y de la que partirá, por diversos ramales y mediante ingeniosos artificios, todo el sistema de riego y de captación de agua para las fuentes, sin olvidar el antiguo abastecimiento para el consumo humano. En el recorrido de la acequia nos encontramos con el molino de “San José”, tipología arquitectónica que data de 1813. Se trata de una edificación sencilla de dos plantas de altura y cubierta a cuatro aguas. Se dispone sobre tres bóvedas en piedra, proyectadas para provocar con el salto del agua el movimiento de las ruedas de la instalación fabril.

El aprovechamiento del agua ha permitido el trabajo en el molino, pues en él se realizaba la transformación del cereal en harina, aumentando así las características agrícolas de la almunia, que representa un punto focal interesante en esa zona de la casa-jardín. Elemento base para el abastecimiento normal de una casa de cierta clase social elevada. Puede tener finalidad doméstica, sin destacar la posible explotación de servicios a los vecinos, por lo que el molino es una pieza de trabajo y medio de hacer patrimonio.

Ese interés por el agua, que desde que entramos en el jardín nos invade, tiene en la cascada otro hito a destacar, paleta de reflejos y sonidos. Pero ese lenguaje del agua no solamente está asociado a la acequia y la cascada, sino que también participan de él las fuentes y las grutas, donde, gota a gota, el líquido de la vida crea estalactitas y estalagmitas, constituyendo un motivo de gran espectacularidad y belleza turbadora por cuanto es la propia naturaleza la que crea ese mundo mágico de la gruta, de las formaciones geológicas subterráneas, y que tanta importancia ha tenido en la historia del arte del jardín. Es decir, que previa a la ocupación humana de este edén granadino, se han ido produciendo unos procesos geológicos se sedimentación de residuos de carbonato cálcico que, poco a poco, han ido aportando volumen y sugerentes formas al tajo propio del cauce del río.
Para llegar a esa zona de grutas, tenemos que continuar por un espacio de gran belleza, que no es otro que el camino de bajada al río. Esta vía conduce a una terraza mirador que nuevamente ofrece vistas de gran belleza al valle del Guadalfeo.
Descrito anteriormente.



Jardín y huertas: Ante-jardín. Situado a continuación del patio, se emplaza en uno de los ejes básicos sirviendo de unión entre el formalismo arquitectónico de la casa y la naturaleza recreada e idealizada del jardín. Este entorno jardinero es parcialmente cerrado, y se abre hacia el paisaje inmediato. Diálogo permanente entre la intimidad de lo cerrado y el disfrute de unas vistas ejemplares que van a ir ocurriendo a partir de él y por todo el jardín-huerto. Esta parte irregular está tutelada en su centro por una majestuosa y sin igual Nerium oleander (adelfa), complemento de volumen y color a la arquitectura.

Antes de llegar en nuestro itinerario a las escaleras de entrada al jardín, aparece un pequeño pilar que se nutre del agua de la acequia.

Eje transversal. Del estudio del lugar podemos observar que existe una clara unión de todas las partes. La entrada de la Casa-Jardín queda enlazada con el patio, que a su vez se fusiona con el ante-jardín y éste, con el jardín-huerto a través de una escalera que cruza la acequia y acaba en un paseo que atraviesa el jardín longitudinalmente. La mencionada escalera presenta varios peldaños de ladrillo cocido, puestos a sardinel por su soga, que llevan hasta un pequeño rellano que, a modo de puente sobre la acequia, conduce a uno de los puntos más altos de toda la finca. Posición particular, permite al visitante descubrir amplias vistas; hacia un lado las tranquilas aguas de la acequia, la pérgola del paseo, los bancales o paratas, que preparan el terreno, y la alberca; hacia el otro lado, el molino, con su partidor de aguas, los decantadores de las fuentes, la cascada y una vegetación donde podemos contemplar vinca, hiedra, azucena, y numerosas aromáticas. Bajando por el descansillo se llega a través de una escalera de sillares de piedra, hasta un cerramiento de Cupresus sempervirens (ciprés) que dirige al “viajero del jardín” al paseo.

Acequia. Como en todo jardín o huerta, la acequia es el principal sistema de conducción y distribución del agua para el riego, por el medio de partidores, es decir, aperturas practicadas a lo largo del recorrido de la acequia que permiten en paso del agua desde la acequia a los bancales a regar. Con todo lo dicho, nos encontramos ante el eje esencial del jardín, la auténtica columna vertebral del mismo. Muestra una distribución calculada y meditada, con divisiones que permiten la venida del agua a todos los parajes de este espléndido oasis. Labrada en la piedra original, no presentando una sección regular, está dispuesta en dos tramos a diferente cota, uno delantero y otro posterior al molino. En el primero se observan dos puntos de salida del agua para el riego; uno, a la entrada de la acequia de la finca, se utiliza para riego del bancal noreste y alimentar a la alberca; y otro, localizado en el último tercio del bancal noreste y dotado de arqueta, riega esta parte del propio bancal a la vez que conduce el agua a los niveles inferiores a través de un sencillo sistema de canalillos que los bordean lateralmente. En el tramo posterior al molino y tras un pequeño estanque, se halla otra salida de agua que riega todo el sector sureste por gravedad. Finalmente, el agua no aprovechada se pierde al final del recorrido de la acequia, cayendo por el tajo y que conduce al río Guadalfeo.

Pérgola. Destacado elemento, pues no solo acompaña a la acequia, sino que por fortuna del diseño la refuerza otorgándola ese carácter tridimensional. Pasa de simple pérgola en su lado N a dividirse en dos, en su orientación S, guardando con más lujo jardinero el agua que discurre por al acequia. Creada con pilares de ladrillo cocido y revestida con mortero de cal, se disponen estos pilares al tresbolillo a ambos lados del paseo, sirviendo de sostén a plantas trepadoras de uso marcadamente doméstico, como la Vitis vinifera (parra).

Cascada. Situada al final del primer trayecto de la acequia y antes del distribuidor del molino, se nos presente hoy día como un complemento más de esa finalidad ornamental del agua en este jardín. Excavada en la roca caliza a modo de escalones, al igual que la acequia, tiene varios circuitos de agua que sorprenden por su sencillez. El agua al dejar atrás el molino, se derrama a otra acequia ciega en su extremo que hace que, una vez alcanzado su nivel máximo en su extremo, se desborde una lámina de agua a modo de espejo. Paralelamente a esto y por medio de unos conductos dispuestos en un lateral de esta acequia paralela, se colman unos pocitos vidriados, emplazados en el punto más alto de la cascada, con sus respectivas rejillas de salida, que mandan el agua a los diferentes surtidores y fuentes instalados en el jardín. El adorno vegetal este espacio se conforma con una serie de pequeñas paratillas ajardinadas con diferentes plantas de flor.

Bancales del lado Noroeste. Tres bancales de distinto tamaño se adaptan perfectamente en este lado del jardín nazarí. El primero de ellos, de planta irregular y geometría marcadamente horizontal, se dispone en el punto más alto. Su lado N cierra la finca por medio de un muro de tapial apoyado en tres contrafuertes por cuya base fluye un canal de riego y abastecimiento de la alberca. Usualmente utilizado como huerta, gracias a profundidad y fertilidad del suelo, contiene restos de frutales: mandarino, limonero, naranjo, chirimoyo, higuera, peral, melocotonero. El segundo está limitado por la alberca y la escalera de acceso al jardín. Es de planta regular y simétrica. En uno de sus lados hay un canal de riego con suministro mediante un sistema de atarjea. El último de ellos, y más pequeño, se halla cerrado en sus lados N y S por sendas filas de cipreses. También está dotado de riego mediante atarjea.

Alberca. Situada en el lado NE del jardín, se proyecto como elemento de recogida de agua para los meses estivales. Su planta es ligeramente rectangular. Posee dos escaleras que la comunican al paseo. Una particularidad es la entrada de agua a través de un pequeño canal que desemboca en una cascada escalonada junto a una jardinera elevada que termina en un banco de piedra.

Paseo. El paseo inferior discurre desde la Glorieta de los Laureles, situada en su lado N hacia su lado S. Atraviesa los bancales NE, cruzando el eje de acceso al jardín, cruzando la cascada y rompiéndose a la altura del molino para introducirse en el interior del doble paseo apergolado. Cabe destacar el tratamiento con piedras de molino que se hace a la acequia de recogida de aguas de la cascada, dando mayor rusticidad al ambiente. Un largo banco de piedra junto al pequeño estanque del molino es otro de los elementos significativos del itinerario en esta zona. Este paseo sirve de acceso por medio de pequeñas escalinatas a las diferentes fuentes y surtidores localizados en el bancal inferior. En el lado S, o lado terminal del camino, se encuentran unas escalinatas de ladrillo cocido y de mayores dimensiones que las anteriores que dan acceso a una glorieta que a su vez comunica con el camino de bajada al río Guadalfeo.

Glorieta de los Laureles. Llamada así por unos laureles que la rodeaban, se sitúa en el extremo NE del jardín. Se trata de un espacio amplio, abierto al valle del Guadalfeo, desde donde se puede contemplar vistas, del paisaje circundante y del propio jardín. Acentúa la glorieta una fuente lobulada situada en el centro y una escalera de ladrillo cocido que da acceso al bancal más bajo. La colocación de una estructura metálica, a modo de media cúpula, y de diseño contemporáneo crea un sorprendente efecto, pues fusiona perfectamente lo “clásico” del jardín, con los nuevos lenguajes de la jardinería actual.

Bancal Bajo. Situado en la parte más baja de la finca, está delimitado en su lado O por un sorprendente tajo hacia el río Guadalfeo. De planta irregular y asimétrica. De gran importancia, dada su extensión, ha sido utilizada tradicionalmente como zona de cultivo agrícola, pero también llama la atención la mezcla ornamental de algunos elementos tanto vegetales como arquitectónicos. Sin duda los tres ejemplares magníficos de cipreses (Cupresus sempervirens) que presiden el bancal, constituyen el elemento vertical por excelencia de este jardín, destacando como un elemento centralizador, un punto focal de referencia del jardín.


El conjunto se ve acompañado por una fuente elevada de planta cuadrada muy diferente a los otros dos surtidores bajos existentes en el mismo bancal. A todos estos espacios íntimos se llega desde el paseo superior gracias a pequeñas escaleras de piedra caliza. En el extremo S, y a un nivel señaladamente inferior, aparece un espacio que a modo de glorieta es presidido por un elemento decorativo semejante a un templete, que mezcla elementos tan dispares como roca de travertino, azulejos y ladrillo. Rodeando dicho templete hay unos bancos de piedra. El conjunto se cierra en su parte trasera por el muro de cerramiento de la finca colonizado por hiedra, esparraguera, y en su base por vinca y acanto, completando el conjunto un ciprés completamente abrigado de hiedra.
El contorno que linda con el muro del paseo está salpicado de pilares de la pérgola. Curiosamente en uno de ellos aparece un considerable tocón de arrayán. El otro lado, el que linda al tajo, protege su borde, a duras penas, con una hilera de melia y almez. Este bancal se comunica con el río Guadalfeo mediante una estrecha senda escalonada y excavada en la piedra. El recorrido se acompaña de una topografía marcada por la presencia de las grutas.


Bancales Sureste. Representa a una amplia zona de terreno que va desde el estanque del molino hasta el límite S de la finca. En ella tenemos bancales, que en sentido descendente, próximo al molino, llegan hasta el punto más bajo de la finca, situado próximo a la esquina SO. Sus zonas de cultivo están delimitadas por muretes de mampostería.



* Nota. Este apartado no hubiera sido posible sin la desinteresada ayuda de Tomás de la Torre Santana, ingeniero agrícola, y gran conocedor del Jardín Nazarí.

Texto: Francisco Javier Guillén Berrendero. Historiador y paisajista. 
Fotos: Excelentísimo Ayuntamiento de Vélez de Benaudalla, Tomás de la Torre
Planos y dibujos: Francisco Prieto Moreno (los Jardines de Granada), y Tomás de la Torre.


miércoles, 14 de marzo de 2012

EL GENERALIFE, EL JARDÍN del ARQUITECTO


Hoy tenemos el honor de inaugurar una nueva sección, que hablará de arte e historia de Granada, gracias a Francisco Javier Guillén Berrendero. Historiador y Paisajista con un curriculum asombroso (Investigación y docencia en Historia del Arte, Arqueología, Patrimonio Cultural e Historia del Arte del Jardín y Paisajismo) es como nosotros un enamorado de Granada, dedicándole un lugar destacadísimo en sus investigaciones y estudios.

En esta primera entrega, traeremos El Generalife. Verjel de La Alhambra, para muchos aparentemente conocido, a través de estas líneas descubriréis piezas de su historia que harán que lo améis aún más.

El Generalife, Yannat al-Arif, el jardín del arquitecto debió ser la finca más destacada de las que se extendían por los aledaños de La Alhambra. La única almunia nazarí que ha llegado hasta nuestros días. "Trono de la Alhambra" la llama Ibn Zamrak, el gran poeta en la Granada de Muhammad V. La primera referencia sobre ella aparece en la Ihata de Ibn al-Jatib, el cual la incluye entre las diecisiete huertas pertenecientes al Patrimonio Real, destacando de ella la frondosidad de sus árboles, que no dejaban penetrar los rayos del sol, y el encanto y frescor de sus aguas y aire fresco.

Esta grandiosa almunia fue construida probablemente durante el reinado del segundo sultán de la dinastía nazarí, Muhammad II (1273- 1302), y reformada por Ismail I en 1319, está situado al pie de una elevación conocida por Cerro del Sol. Está separada de La Alhambra por un barranco y, aunque su actual visita queda unida a la de La Alhambra, en realidad constituye un conjunto totalmente independiente.

Concebida a la vez como jardín y huerta, en una organización típicamente musulmana, su emplazamiento al norte de La Alhambra y frente a la vega granadina es otro exponente de la fusión con la naturaleza que presidió las construcciones en la Granada andalusí. Su origen está unido a la utilización y gestión del agua de la Acequia Real de La Alhambra. Por ello el palacio, emplazado en ladera y en el centro de la finca, responde a la descripción de vivienda de carácter agrícola, tal y como escribe Ibn Luyun en su Tratado de Agricultura


Las cuatro huertas identificadas, de las que al menos una continúa hoy en explotación, son las denominadas Colorada, Grande, Fuentepeña y de la Mercería, que aunque con nombres cristianos debieron corresponder, a grandes rasgos, a las medievales. Estas huertas se extendían en paratas a diversos niveles por debajo del Palacio, que presidía majestuoso toda la extensión, y del que su mirador del Patio de la Acequia era sin duda la joya más destacada.

Uno de los más felices aciertos de la arquitectura nazarí, dentro del Generalife es un patio ajardinado, el Patio de la Acequia –jardines de primor, en palabras de José Tito Rojo, que son un fiel reflejo de la realidad de este patio-. Lo más interesante del jardín que ocupa el interior del patio es que el elemento de agua está constituido por la Acequia Real, canal con el que se abastece de agua toda La Alhambra. Tenemos por tanto un elemento que ocupa la totalidad del eje del patio, de dimensiones más estrechas que las de una alberca y con un carácter dinámico, ya que el agua no está quieta sino en circulación permanente. De acuerdo con las excavaciones realizadas en 1959, cuyos resultados fueron confirmados por las investigaciones efectuadas entre 1998 y 2001, el jardín tuvo una estructura de patio de crucero resuelta con un puente que cubre el centro de la acequia y que muy posiblemente estuvo ocupado por un quiosco vegetal. Una parte importante de su fisonomía original se ha ido recuperando con las restauraciones más recientes y hemos acudido a imágenes retocadas para reintegrar la fisonomía del salón del lado Norte, recrecido en época cristiana y que provocó la transformación de las proporciones originales del espacio. 


Los estudios documentales y arqueológicos realizados han aportado luz a un espacio que es definido por algunos como “el jardín más bello del mundo”. Siguiendo a los estudiosos Tito Rojo y Casares Porcel se desprende que:

Desde la época islámica hasta el siglo XVI el jardín fue un prado florido a base de plantas de flor, especies cespitosas, donde hubo frutales: cítricos, parras, granados. Igualmente plantas ornamentales: arrayán, cipreses, jazmines, laurel, rosales, y plantas aromáticas.

Las actuaciones realizadas en el Patio de la Acequia, perfectamente visibles en la visita, y que han formado parte del proyecto de restauración vegetal de Patio de la Acequia del Palacio del Generalife han recuperado el “carácter rehundido del jardín”. Los estudios arqueológicos, edafológicos... confirmaron que el primitivo suelo medieval estaba 40 cm por debajo del existente antes de la restauración.

En definitiva, el Generalife es un palacio en el que se combinan perfectamente arquitectura y huerta o jardín. Su originalidad está en la gran extensión concedida al reino vegetal, al que parece servir de marco la arquitectura. Con su huerta o jardín surcado longitudinalmente por la Acequia Real, bien enmarcado en sus laterales por una acertada arquitectura, es la estampa viviente del jardín cerrado oriental –riyad—, de lejana evocación residencial persa. 



“Alcázar de maravillosa perfección y belleza y en el que la majestad del sultán destella (...) Mano de innovación en sus paredes recamó un bordado semejante a las flores del jardín (azahar al-bustan) (...)
Ibn al-Yayyab, para Ismail I 

“Un poco más alto que el mencionado castillo (la Alhambra), la citada montaña sostiene un jardín llamado el Generalife, que es bello entre los bellos, y de los bien trabajados al máximo, lleno de toda clase de frutos extraños, en el que hay hechos muchos setos donde brotan varias fuentes (...)”
Antonio de Lalaing (1501) 


Francisco Javier Guillén Berrendero
Texto y fotos del autor.